Vergüenza en Seseña

Vergüenza en Seseña

25 mayo 2016,   Por ,   0 Comments
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Hola Guerrer@s!!

Sí. Cuando en la viñeta ponemos catástrofe es porque es así. Pero bueno, para eso estamos, para rellenar los huecos de la agenda setting.

Estamos ante otro caso más de cómo la desidia administrativa y el hecho de ignorar una y otra vez los riesgos ambientales nos conduce a situaciones muy complicadas y difíciles de gestionar. El incendio de Seseña es también una muestra de la importancia de una disciplina, la planificación territorial, sacrificada a los intereses especulativos. Y por último, resulta un magnífico ejemplo de como para nuestros gestores es más importante no generar alarma social que la propia salud de la población

Os ponemos en ANTECEDENTES.

Disfilt, empresa propietaria del vertedero y cuyo claim es «Fabricación de neumáticos y cámaras de caucho; reconstrucción y recauchutado», comenzó a llevar las primeras ruedas a los terrenos de Seseña. «Es como el cerdo, se aprovecha todo», aseguró en una entrevista hace algunos años el propio Villadangos. En abril de 2002 se le otorgó licencia municipal y en 2003, ya con la declaración de impacto ambiental, llegaban a descargar 12.000 kilos de neumáticos por día. Hasta que en abril de 2005 reciben la orden de paralización de actividad. No obedecen y continúan con la actividad, según consta en la documentación.

En diciembre de 2008 se condenó a Disfilt por delito contra el medio ambiente. En abril de 2011 los neumáticos se declararon bienes abandonados hasta que la semana pasada se incendió el vertedero que contenía no menos de seis millones de neumáticos y ocupaba doce hectáreas.

Que la TRAGEDIA tuviera lugar era cuestión de tiempo.

El cementerio no sólo seguía ahí sino que seguía sin un plan de contención o de emergencia. Efectivamente, aunque la imagen que se ha querido dar es de coordinación, lo cierto es que mientras los bomberos de la Comunidad de Madrid echaron gran cantidad de agua en su parcela (algo contraindicado, puesto que aviva el incendio) los de Castilla-La Mancha usaron otras técnicas. Unas y otras resultaron ineficaces, pues no se disponía ni de los conocimientos ni del material adecuado para apagar un fuego de estas características. De hecho, durante varios días se han tenido paradas las labores de extinción, esperando que se consumieran los neumáticos, aunque desde el domingo pasado parece que ha cambiado el criterio y se ha optado por acelerar la combustión para que el incendio, y con él la emisión de humos tóxicos, termine antes.

Pues bien, Ecologistas en Acción llevaba años advirtiendo de los riesgos del depósito de neumáticos de Seseña. Ahora piden que se limite el contacto de la población con los contaminantes del incendio. Según Paco Segura, coordinador de la plataforma, “estamos hablando de unos niveles de contaminación muy serios. Las administraciones no están siendo prudentes”. En una manifestación de los vecinos de Seseña, Valdemoro y alrededores hace varios días, varias personas tuvieron que ser ingresadas de urgencia por intoxicación, con fuertes toses y los ojos prácticamente en carne viva. No olvidemos que estas partículas provocan más de 25.000 muertes prematuras cada año en nuestro país.

Se están quemando 70.000 toneladas de neumáticos, tantos como la tercera parte de los que se producen en España en un año. Una cantidad bestial. Lo razonable hubiera sido evacuar a la población hasta que se hubieran extinguido las llamas porque nadie les puede garantizar que no respiran un aire tóxico. Sólo hay que ver el hollín que se está depositando en las calles para darse cuenta de que esa situación no es normal.

De hecho, según los estándares de la Agencia Norteamericana del Medio Ambiente (EPA) se han emitido, al aire, durante diez días, tantos hidrocarburos como los que emite toda España en un año. Estas partículas de hollín que se están posando en las casas, en los cultivos, etc., son disruptores endocrinos y otros metales pesados, que no se degradan con facilidad en el medio. Es más, hay un grave riesgo de que esas partículas en el suelo se filtren hasta los acuíferos que, en esa zona, alimentan principalmente en el Tajo con cuyas aguas se riegan las huertas de Madrid, Toledo, Extremadura, Portugal…

Ecologistas en Acción utiliza como referencia un incendio que hubo en Iowa en 2012 en el que se quemaron 1.300.000 neumáticos, la cuarta parte de los que se han quemado en Seseña. Y en ese estudio de la calidad del aire concluyeron que estar a menos de un kilómetro y medio del foco era perjudicial para la salud mientras se estaba emitiendo humo. Mientras, en Seseña están a 400 metros del foco y al segundo día se dijo a la población que podían volver a sus casas.

Por otra parte, ¿cuáles son las CAUSAS? ¿Es un incendio provocado? Parece bastante obvio.

Las 11 hectáreas donde se acumularon más de 100.000 toneladas de neumáticos se extendieron desde el término municipal de Seseña hasta el vecino Valdemoro, convirtiéndolo en el mayor vertedero de España. Y la pelota ha ido pasando este tiempo de unas a otras administraciones sin que nadie solucionase el problema, sin bien justo es reconocer que se estaba ultimando un plan para resolverlo –otro asunto distinto es que las medidas planteadas fueran adecuadas–.

El jugoso negocio de los neumáticos en manos de dos oligopolios privados que imponen su margen de beneficio cueste lo que cueste. Un vertedero ilegal que no deja de crecer en manos de gestores que reciclan lo revendible y amontonan lo que no vale. La Justicia y todas las administraciones inundándose mutuamente de papeles, requerimientos y autos exigiéndose unas a otras una solución inmediata. Un ayuntamiento que disfraza el desastre, contratando sucesivamente a dedo a empresas fantasma que fingen afrontar el problema mientras convierten el vertedero en su sede social para hacer negocios en España.  Seseña es un caso de manual de la privatización de un desastre esperando para suceder.

El vertedero se incendió unos días antes de que la historia tuviera el final que hemos visto demasiadas veces como para seguir manteniendo la pamplina de la superioridad de la gestión privada de lo público. Una empresa pública especializada iba a hacerse cargo del desastre dos décadas después, a un coste infinitamente superior a si lo hubiera gestionado desde el primer momento. Las cien mil toneladas de neumáticos  y once hectáreas de vertedero llevaban meses sin vigilancia nocturna, sin seguro y sin responsable de su gestión.

No pasa un día sin que paguemos alguna factura de la privatización del desastre. Esa misma semana, en Moaña, Pontevedra, ante el peligroso incendio registrado en la procesadora de pescado Fandicosta el servicio de emergencias de la Xunta prefirió llamar a parques de bomberos de gestión privada, infradotados y a cuarenta minutos del fuego y su espectacular nube tóxica, antes que a los bastante más próximos bomberos públicos de Vigo. Finalmente el servicio público debió acudir igualmente al rescate del paupérrimo e ineficaz servicio de gestión privada, cuya factura habremos de pagar igualmente.

Acabamos pagando millones por ahorrar unos pocos miles de euros. En el debate sobre las privatizaciones el humo del negocio siempre acaba cegando nuestros ojos.


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