La tormenta del fin del mundo

La tormenta del fin del mundo

15 diciembre 2015,   Por ,   0 Comments
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Hola Guerrer@s!!

Hoy queremos dedicar éste vuestro espacio a la ciencia. Uno de los principales dioses venerados por los numantino era Lug, el Sol. Bien conscientes eran de su poder como fuente de vida, pero evidentemente eran ajenos a su poder destructivo.

Como todas la estrellas, el Sol (una bastante normalita, por cierto) funciona como un reactor nuclear gigante. Cada segundo, consume 700 millones de toneladas de átomos de hidrógeno fusionándolos en helio y liberando una ingente cantidad de energía. No os preocupéis, al Sol le queda combustible para los próximos 5.000 millones de años, momento en el que crecerá hasta convertirse en una gigante roja, engullendo Mercurio probablemente, y colapsando en una nebulosa planetaria. Mucho antes, la Tierra ya será incompatible con la vida pero aún falta mucho para que eso ocurra.

Se habla mucho de este final inevitable pero antes, mucho antes, el Sol puede darnos algún que otro susto y más que eso. Un ejemplo lo tenemos en nuestro propio vecindario: Marte. Cada vez hay más pruebas de que Marte fue un planeta relativamente similar a la Tierra, con agua y quizás con vegetación. Pero una potente llamarada solar dirigida directamente hacia Marte pudo arrasar su atmósfera, iniciando un proceso en cadena irreversible que convirtió al planeta rojo en lo que conocemos hoy día.

Pero aún así, aunque esto puede ocurrirnos perfectamente a nosotros, no os preocupéis. Más que nada porque no hay manera de evitarlo. No obstante, sí que podemos sufrir las consecuencias de una eyección de masa coronaria a medio plazo que, cuanto menos nos haga la vida muy difícil.

La Tierra actúa como un imán, con su núcleo de hierro fundido, y teniendo los correspondientes polos magnéticos. Esta Magnetosfera nos protege a diario del viento solar nocivo y de “pequeñas” eyecciones. Es en torno a los polos donde ese escudo es algo más débil y así podemos admirar el impacto de la masa solar en forma de auroras polares. Esto también ocurre en otros planetas como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Pero amigos, ¿y si esa eyección fuese más potente? La tormenta solar de 1859, conocida también como evento Carrington, es considerada la tormenta solar más potente registrada en la historia. Los primeros indicios de este incidente se detectaron a partir del 28 de agosto de 1859 cuando por toda Norte América se vieron auroras boreales. Se observaron auroras en zonas de latitud media, como Roma o Madrid, incluso en zonas de baja latitud como La Habana y las islas Hawái, entre otras.

El 1 de septiembre a las 11:18, Richard Carrington se dio cuenta de un intenso estallido de luz blanca que parecía salir de dos puntos de un grupo de manchas. Sólo diecisiete horas y cuarenta minutos después, la eyección llegó a la Tierra con partículas de carga magnética muy intensa. El campo magnético terrestre se deformó completamente y esto permitió la entrada de partículas solares hasta la alta atmósfera. Una segunda oleada de auroras boreales convirtió la noche en día en toda Norte América hasta Panamá.

En aquella época los cables del telégrafo, invento que había empezado a funcionar en 1843 en los Estados Unidos, sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios, tanto en Europa como en Norteamérica. Si la tormenta de Carrington no tuvo consecuencias brutales fue debido a que nuestra civilización tecnológica todavía estaba en sus inicios.

Si se diese hoy, los satélites artificiales se abrasarían, las comunicaciones de radio se interrumpirían y los apagones eléctricos tendrían proporciones continentales y los servicios quedarían interrumpidos durante meses. No funcionaría ningún vehículo de transporte. El agua corriente dejaría de llegar a nuestros grifos al funcionar con bombas eléctricas. En definitiva, los expertos calculan que entre un tercio y la mitad de la población de los países desarrollados moriría por el desabastecimiento.

Según los registros obtenidos de las muestras de hielo una llamarada solar de esta magnitud no se ha producido en los últimos 500 años, aunque se producen tormentas solares relativamente fuertes cada cincuenta años.

La tormenta solar de 1994 causó errores en dos satélites de comunicaciones, afectando a los periódicos, las redes de televisión y el servicio de radio en Canadá. Otras tormentas han afectado sistemas desde servicios móviles y señales de TV hasta sistemas GPS y redes de electricidad. En marzo de 1989, una tormenta solar mucho menos intensa que la tormenta perfecta de 1859, provocó que la planta hidroeléctrica de Quebec (Canadá) se detuviera durante más de nueve horas; los daños y la pérdida de ingresos resultante se estiman en cientos de millones de dólares.

A día de hoy es algo muy difícil de prever. Estas eyecciones de masa solar se producen en las conocidas manchas solares, regiones en la superficie con temperaturas 2.000 ºC inferiores a los 6.000 del resto de la superficie. Aún así no se sabe cómo se generan o cuál es su mecanismo de activación. Pero es evidente que cuando uno de esos grupos de manchas solares, con tamaños decenas de veces superiores al de la tierra, nos apunta directamente, los astrónomos tiemblan.

De hecho, a finales de 2014 hubo mucha preocupación porque una de estas manchas gigantes apuntaba directamente hacia la Tierra. Pero bueno, efectivamente, esta noche podemos dormir tranquilos…


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